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¿Por qué leer el Quijote?
Escrito por José Manuel Rodríguez Canales   
martes, 01 de julio de 2008

Luego de ver la puesta en escena del clásico cervantino he vuelto a leerlo. Se me ocurrió entonces la pregunta del título. Y como jamás la propaganda de una obra la hizo buena o mala sin la experiencia de encontrase con ella, me dedico a esbozar algunos rasgos que pude entresacar de leer y ver las aventuras del famoso hidalgo manchego. Tengo la esperanza de que sirvan para despertar algo de sed por leerlo. Si esto ocurre me daré yo por bien servido y los lectores por aprovechado el tiempo que gastaron en leer este comentario.

Desde el prólogo el libro es una exquisita ironía sobre la erudición. Y la ironía sobre los libros sesudos, siempre anima al lector de la calle. El Quijote es un libro popular, y lo es porque es original, es decir, no tiene prácticamente antecedentes, si no es en Cervantes mismo, la historia de un hombre que enloquece leyendo y en su locura propone las más grandes virtudes, estableciendo un inmenso juego entre realidad y ficción en el que muchas veces es la ficción la que lleva a actuar del modo más realista y virtuoso.

Todo se dispara con la famosa narración de cómo enloquece don Alonso Quijano: “Del poco dormir y mucho leer se le secó el cerebro, de manera que vino a perder el juicio”. De tal forma que pasó de los diálogos y comentarios típicos del fanático de algún pasatiempo a la acción: “vino a dar en el extraño pensamiento que jamás dio loco en este mundo, y fue que le pareció convenible y necesario… hacerse caballero andante, e irse por todo el mundo con sus armas y caballo a buscar las aventuras…” y se hace caballero él y convierte en gran corcel a su maltrecho rocín y le pone por nombre Rocinante por estar antes que todos los corceles y rocines del mundo.

La descripción de la construcción de las armas y armaduras de este hombre reseco que frisaba los cincuenta años, metido en su granero desempolvando y limpiando unas lanzas mohosas de sus antepasados, construyendo con cartones, es una de las figuras más cómicas que pudieran imaginarse. Y como ella otras cuatrocientas mil que el libro entero ofrece, amén de los juegos y requiebros de complicidad que el autor establece con el lector, en los que siempre sorprende por la delicada armonía entre buen juicio y sensatez y el fondo de loca imaginación que disparó y sostuvo la historia desde la partida de don Alonso hasta su serena muerte, lance doloroso en el que el mismo Sancho quiere trocar su lucidez por la bendita locura de su señor.

Así que yo diría que una primera respuesta a la pregunta sería esta: porque te va a reír hasta llorar. Pero no te reirás por burla o malignidad sino por complicidad en el bien. El Quijote es una gran invitación a profundizar en una virtud bastante olvidada que a mi entender es indispensable para vivir: la eutrapelia, la virtud del buen humor. Decía Chesterton que el demonio había caído del cielo por la fuerza de la gravedad, es decir, la ausencia de buen humor. Y el Quijote es ante todo eso: un enorme y tan buen chiste que te hace reír solo, como un loco y que no le puedes contar a nadie que no tenga la paciencia de leerse las casi mil páginas que tiene. Me detengo entonces en este primer fruto de mis experiencias con el Quijote: el buen humor como virtud.


 
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