lunes, 06 de septiembre de 2010  
Principal
Inicio
Presentación
Opinión
Noticias
Publicaciones
Contacto
Galeria
Registro





¿Recuperar clave?
¿Quiere registrarse? Regístrese aquí
 
¿Existe la belleza? I PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Luis Fernando Gutiérrez Velásquez   
miércoles, 30 de julio de 2008

La pregunta no se aborda aquí en el sentido de que se ponga en duda el hecho de la experiencia estética o experiencia de lo bello. Este hecho no solamente no lo niega casi nadie sino que resulta patente y juega un importantísimo rol en la configuración misma de la sociedad humana desde la constitución de las familias, la definición del estatus, y en las relaciones sociales en general, incluso las comerciales.

bellezaLo que sí se discute y a lo que se quiere hacer referencia con el título es si esta experiencia tiene o no un referente objetivo en la realidad; es decir, si es que existen cosas que son en sí mismas bellas o si la valoración de algo como bello tiene su única fuente determinante en la subjetividad, bien sea que se considere o no en su configuración la formación, la historia personal y el contexto cultural.

En los “lugares comunes” culturales modernos hay prácticamente un consenso en dar a esta pregunta una respuesta negativa. Para la mayoría resulta casi insultante y definitivamente arrogante la pretensión de establecer un patrón objetivo de belleza. Es prácticamente una verdad de Perogrullo que en los juicios estéticos no hay verdad ni error, se trataría de una cuestión de “gustos”.

Ahora bien, no todos los que sostienen esta posición están de acuerdo entre si. En primer lugar están los partidarios de lo que podríamos llamar un relativismo estético absoluto según el cual el único criterio de discernimiento estético es la subjetividad particular de cada uno en el momento concreto en el que juzga. Esta posición, a pesar de tener muchos seguidores, especialmente en la postmodernidad, no parece muy coherente con la experiencia y praxis histórica de la humanidad. Ni el señalamiento de determinados artistas como maestros en su área, ni el recurso a “expertos” para embellecer las cosas o las personas, ni la exposición pública de las obras de arte, ni la crítica, ni los reinados de belleza tendrían sentido alguno si no hubiera por lo menos la pretensión de una común percepción de algo como bello y atractivo o como feo y desagradable.

En segundo lugar, también entre los que niegan algún referente objetivo para el juicio sobre lo bello, están los que defienden más bien una posición que podríamos llamar convencionalismo estético y que puede ser culturalista o historicista. Según esta visión, los patrones de juicio de la belleza (llamados también cánones) serían convenciones propias del contexto histórico y cultural. Consabidos son los argumentos de las “gorditas” del renacimiento, de los cuellos largos de las mujeres en algunas tribus africanas o las combinaciones de colores vivos de la estética precolombina. Con esta postura se solucionan algunos de los problemas que encuentra la anterior pero no todos. Quedan abiertas muchas preguntas: ¿sobre que base se realizan y evolucionan los cánones? ¿No existen infinidad de cosas sobre cuya belleza el consenso es prácticamente universal como determinados paisajes, plantas, piedras, etc? ¿No se podrá decir que estas cosas son ellas mismas bellas más allá de la opinión del que las contempla? ¿No existen cosas que reciben el rechazo casi universal de los seres humanos incluso el espontáneo de los bebes recién nacidos? ¿No se podrá decir acaso que son feas en sí mismas? ¿Qué sentido tendría en absoluto hablar de cosas bellas y feas si en verdad no existe nada bello ni feo? ¿Qué mérito tiene un artista y para que se esfuerza metodológica y artísticamente si por más que lo haga no podrá hacer que su obra sea en verdad bella?


 
< Anterior   Siguiente >

     

 
 

Copyright © Instituto Cultural Teatral y Social
Familia Sodálite | Sodalicio Región Perú | Noticias Sodálites